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viernes, 11 de marzo de 2011

Ireland Memories

O así deberían haber sido...

(Lo que me recuerda cierta conversación)

-Oye..
-¿Qué?
-Toros
-¡No!
-Sí...
-¿Dónde?
-Allí
-¿Volvemos?
-Sí...

Mpf...

miércoles, 12 de enero de 2011

viernes, 24 de diciembre de 2010

A Merry, Merry Christmas

And a happy New Year
Let's hope it's a good one
Without any fear

domingo, 19 de diciembre de 2010

De las Navidades de hace un cuarto de siglo

De las Navidades en VHS. De las primeras Navidades en color. De las Navidades con jersey de lana y dibujos. De la magia de Disney.

¿El acento de Ebenezer Scrooge es escocés?





lunes, 13 de diciembre de 2010

¡Existe! (Pues parece que no...)


Y al parecer existe aquí...

Edito: Al parecer, la hicieron existir aquí...


sábado, 27 de noviembre de 2010

I'd like to help you in your struggle to be free

Aunque no lo parezca, es una gota de humor (*)

She said it grieves me so to see you in such pain
I wish there was something I could do to make you smile again
I said I appreciate that and would you please explain
About the fifty ways

She said why don't we both just sleep on it tonight
And I believe in the morning you'll begin to see the light
And then she kissed me and I realized she probably was right
There must be fifty ways to leave your lover


domingo, 21 de noviembre de 2010

En tienda de campaña secreta

-Probablemente, sea la única película de Kate Winslet que no te guste.
-¿Cómo lo sabes?
-Igual que sé que te gustan los tipos con jersey de cuello alto.



Qué cantidad de cosas hacemos sin hacer.

Qué cantidad de cosas sabemos sin saber.

viernes, 12 de noviembre de 2010

What a little moonlight can do

De regreso tras un paseo por el pasado

"No te preocupes: sabes que soy gran experta. Te puedo asesorar. En el Ikea venden unos fantasmitas luminosos para los pekes a los que les da miedo la oscuridad."

Hay cosas que queríamos hacer y hemos hecho. Me gusta recordarlo.

domingo, 10 de octubre de 2010

Put on that dress

La liturgia de los viernes por la tarde –de mis viernes por la tarde- se ha vuelto un poco gris. Quizá decae, como decae el año mientras se arrastra hacia el invierno.

(Curiosa decadencia, cuando el blanco es plenitud).

No es que no haya cafés de encanto, no es que falte voluntad, no es que no queden libros. Es sólo que ya no pueden batir al recuerdo y a la ensoñación; al hoy y la posibilidad del mañana.

Una vez leí de un hombre. Padecía una rarísima enfermedad: tenía una memoria total. No es que no tuviera capacidad para olvidar, sino que para él recordar era vivir. Si le preguntaban qué pasó tal día de tal mes de tal año, su vida se desplazaba a ese tal día de tal mes de tal año: “Me levante a las ocho, algo más tarde de lo habitual; desayuné: el café estaba demasiado caliente”, recordaba, y la lengua le volvía a arder. “Leí la ira cómica del periódico, la de Calvin y Hobbes. Era aquella de los muñecos de nieve asesinos”, y volvía a reír como entonces. “Y… Oh, no fue agradable. Fue la tarde en que me dispararon”, y la herida volvía a abrasar, y se retorcía, y volvía a tratar de contener la hemorragia que sucedió tal día, de tal mes, de tal año.

Para él, la memoria no la formaban pequeñas dagas de nostalgia. Era vida real en tiempo real.

Cuanto más revivía, más dejaba de vivir. Recordando un fin de semana de vacaciones se sumió en un letargo que duró exactamente dos días. Como castigo a su don, tenía que poner límites y fronteras estrictas a sus recuerdos. Porque su final, su terrible final, ya estaba escrito: tal vez un día, sin voluntad de hacerlo, rememorase su infancia. Y moriría: embarcado en un recuerdo inabarcable, entraría en una especie de coma lúcido en el cual dejaría de comer, de dormir, de beber, y se moriría en el recuerdo de su quinto cumpleaños.

Como no sé muy bien qué es la vida, y aún menos la muerte, una parte de mi le envidia. Tal vez su memoria siguiera actuando aunque el cerebro se hubiera desconectado. Tal vez reviva su historia una y otra vez, en un bucle infinito, que le lleva desde su origen hasta el punto en que decidió recordar, y vuelva a empezar, y vuelva a empezar, y vuelva a empezar. La inmortalidad por repetición. La eternidad por rutina.

Qué quieres vivir, qué quieres recordar. Aún no sé si ese hombre era un desgraciado o un semidios.

Sigue habiendo cafés de encanto, no falta voluntad, aún hay libros. Pero es todo un poco gris.

Puede que sea mejor así: se destacan los matices tenues.

Como en tu vestido de Reina de Corazones

jueves, 15 de julio de 2010

Kickette

No, mujer, si yo lo entiendo ¿Cómo no lo voy a entender? Pero me da por ahí, por la histeria, por el miedo. Pero ese soy yo, y mis tonterías, que ya las conoces –demasiado bien que las conoces-. Además, todo es propicio para que sea así: la fascinación colectiva, la épica, la comunión con un éxito ajeno que podemos sentir como propio. Bueno, sí, eso lo has contado tú, pero… Fortalece mi argumento ¿Lo dejamos así?

Pues sí. Ríete, sí, pero es que es así. Acompleja. Más uno que otro, eso es cierto. El primero, el de las fotos de tu carpeta, es… Demasiado de diseño. Como muy medido. Y por eso, frío –y sí, ya sé que fría, precisamente fría, no te deja-. Pero el otro… Es agreste, montaraz, como tú decías. Es imperfecto, y por eso acompleja más. Uno puede competir con la perfección, porque es irreal, está diseñada: sabes que hay defectos, pero ocultos. Y puedes criticarlos. Pero no, éste otro es un tío normal. Sí, no te rías: normal. No oculta sus imperfecciones, y apostaría un brazo a que precisamente eso es lo que te rinde. La barba pelirroja excesivamente alta, penetrando demasiado en las mejillas. La piel demasiado pálida, y demasiado salpicada de pecas. El gesto, a veces, demasiado rudo, demasiado terrenal –oh, claro, es un montaraz-. Torso cincelado –cómo no iba a tenerlo, claro-, pero no demasiado, como a medio hacer. Supongo –no creo que te hayas fijado, pero lo supongo- que también te volverán loca sus manos. Y los ojos, pese a que son demasiado pequeños, como si siempre estuviera deslumbrado. Y juega -sí, no olvides que esto es un deporte- muy rígido: definitivamente, la elasticidad no es lo suyo. Defectos, defectos, defectos… Que le hacen real, posible. Y precisamente por eso acompleja. Nos –plural mayestático, o de género- acompleja: ¿Cómo no va a acomplejar un tipo que derrota a tus virtudes, sean las que sean, con sus imperfecciones?

Pero la raíz de todo es la envidia. No te engañes. Porque, gaycidades y heterosexualidades histéricas al margen, ¿a qué hombre no le gustaría ser así?


Pues eso. Que lo sé. Que te entiendo ¿Cómo no te voy a entender?