miércoles, 27 de abril de 2011
martes, 26 de abril de 2011
Una trama imposible
El de la izquierda es Nicolás II, último zar de Rusia. El de la derecha, Jorge V, rey del Reino Unido y Emperador de la India. Se parecen: claro que se parecen. Eran primos: Nicolás II era hijo de Victoria, hija de la británica reina Victoria. Jorge V descendía de Eduardo VII, también vástago de Victoria de Inglaterra.
Al parecer, Nicolás II pasó parte de su adolescencia en Inglaterra, educándose como príncipe heredero y sin saber que sería el último en tomar el título de zar. [Zar, por cierto, viene de Tzar, que es un contracto del germánico Kaiser, que surge de la pronunciación germánica del vocable latino Caesare: /Kaesare/. Y de Caesare y de su pronunciación mediterránea /Chésare/ viene el término español César. Por eso son título imperiales: porque surgen del primer imperio europeo: el de los césares romanos. Pero esa es otra historia] El último zar, decía, pasó años en Inglaterra, donde él y su primo Jorge, dado su parecido, gustaban de intercambiarse los papeles y los nombres, para estupor de la corte británica.
Años después, la Primera Guerra Mundial les convirtió en enemigos. Pero... Menuda trama si, por decir algo, en 1916 hubieran decidido jugar por última vez al juego adolescente de intercambiar sus identidades. Y que el asesinado en Ekaterimburgo en 1918 hubiese sido un Windsor. Y que así, la dinastía Romanov hubiese sobrevivido, habitando el Palacio de Buckingham en el periodo de entreguerras y presidiendo la iglesia anglicana...
viernes, 22 de abril de 2011
Amor filial
A finales de la década de los 20 del siglo XVI, Juana la Loca, que ya llevaba más de una década encerrada en Tordesillas, estaba al cuidado de Hernán Duque de Estrada. Algo bien debía estar haciendo el hombre, porque escribió una feliz carta a Carlos V comunicándole que su madre daba signos de recuperar la lucidez.
La respuesta del entonces todavía no emperador fue contundente: destituyó a Estrada y puso al cargo de su madre al Marqués de Denia, Bernardo Gómez de Sandoval, y al hijo de éste como sucesor. Era 1520, y la revuelta de los comuneros ya se anunciaba.
Huelga decir que Juana la Loca nunca sanó. Murió en 1555, tras 47 años de encierro en Tordesillas. Diez meses después, su hijo Carlos I abdicaba y se retiraba al monasterio de Yuste.
Por algo lo haría.
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